17 de junio de 2013

Acerca del dolor


Aún ciertos del futuro,
sabiendo que las cosas son mejor así,
aún siendo dueños del destino,
nos abraza el dolor para calmarnos.

Nos ofrece su hombro amplio,
sereno a veces; una tormenta otras tantas
nos hace jirones para rearmarnos,
y nos da la calma del cielo despejado.

Asfixia el corazón o el alma, que es lo mismo,
y sube, buscando liberar el llanto;
es entonces como un río

un río que llega al mar y no lo entiende
que ya no sabe qué pretende
un río que, poco a poco, ya no lo es tanto.

Y mientras venimos de un sitio, a otro llegamos.
Nos vamos transformando a otro cuerpo
quizá sabiéndolo, quizá ignorándolo
sentimos otros besos, caricias y abrazos.

Puede dar vida o dar muerte el dolor
pero transforma, en cualquier caso.
Nunca nos deja inertes en el tiempo,
siempre nos mueve; lo difícil es dar el paso.

Pero una vez lo hemos dado, viene la calma
y no viene sola; viene con un mundo nuevo,
y ahora podemos transformar lo desconocido


podemos hacer del incendio una llama
podemos hacer de la tormenta un suspiro
y ser un mar que sabe lo que es ser río.

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