19 de mayo de 2012

Deja de huir


Deja de huir.
Deja de pretender que no estuviste aquí,
que no caminaste descalza mientras la hierba te acariciaba,
mientras te hacía cosquillas a cada paso.

Deja de huir.
No quieras olvidar que gritaste,
que gritaste con todas tus fuerzas queriendo ser escuchada;
ahora asume que alguien quiso oírte.

Ya basta de quejas.
Ya basta de ignorancias intencionadas,
ya basta de no devolver las caricias,
las miradas ni los besos que te dieron.

Ya basta de pretender ocultarte en la poesía o el romanticismo;
ocúltate en una cueva olvidada y no salgas.
Haz las cosas como es debido.

Pero si no, si quieres dejar de huir,
si quieres dejar atrás ese patetismo estúpido,
si quieres volver a la hierba, al grito, a la vida…

Deja de hacerte la olvidada,
quizá ni siquiera te recordaron.
Deja de hacerte la víctima,
quizá ni siquiera te buscaron.

No desfallezcas, te necesitamos.
No nos engullas hacia tu decadencia,
no nos lleves contigo que nos duele,
no nos dejes a la deriva

mirándonos desde el muelle,
desde la tristeza,
desde las lágrimas,
desde el dolor reprimido.

¡Lánzate al agua, maldita sea!
Es una tormenta terrible,
es un huracán irrebatible,
es un trecho innavegable,

¡Pero lánzate al agua!
¡Rápido, antes de que nos alejemos!
¡Te necesitamos, te necesitamos!
¡No temas ahogarte!

Por lo menos no morirías inmóvil
De pie en la orilla de la tormenta, del mar o de la calle.
Quizá así volverías a la hierba, al grito y a la vida,
y dejarías atrás ese estúpido patetismo.

¡Lánzate al agua, maldita sea!

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